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editorial
  

      Mi función social como individuo es ser un hacedor de imágenes. Es hacer una iconografía de una época. Uno no termina de entender que las imágenes hacen parte de un momento histórico y que hasta las vísceras que uno come cambian según la época en la que se vive.

     Propongo la relectura de un hecho que la gente ve constantemente en la carnicería, en la calle, todos los días. Que la gente se detenga a pensar que tiene vísceras, que tiene órganos, y come órganos, come vísceras, y que con eso pueden hacerse imágenes; eso es interesante como introspección a nivel colectivo y para lograrlo hay que hacer que la imagen circule.

     La imagen es una totalidad de hechos visibles y en esa totalidad puede haber elementos escultóricos; el hombre fundamentalmente es un hacedor de imágenes. Lamentablemente, la sociedad contemporánea ha ido propiciando el fraccionamiento del concepto de imagen. No se asume que la escultura, la pintura, la cerámica, la fotografía, son un mismo hecho de imagen, donde hay conceptos para profundizar; se va sólo a la parte formal. Ese concepto de imagen fraccionada yo creo que es una aberración.

     El hecho creativo más importante es poder transformar y visualizar conceptos que una sociedad todavía no acepta . Por qué una imagen puede llegar a molestar?, porque está rompiendo los esquemas de una sociedad decadente que necesita valores como las misses, los super hombres; y a quien, evidentemente, le molesta que se cuestione lo establecido.

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     El gran problema de la fotografía en Venezuela, en este momento, es que después de un boom masivo y un supuesto no oficialismo, ha pasado a ser un arte perfecto para el momento de crisis económica: una exposición de fotografía es mucho más barata y menos complicada que una exposición de pintura o escultura, de ahí que se haya fomentado la fotografía en muchos museos y galerías.

     Esto ha hecho que la fotografía se ligue a la parte negativa del arte, llenándose de un grupo de "exquisitos" que no son fotógrafos sino "artistas plásticos", con todo lo negativo que es ser artista plástico y no ser hacedores de imágenes. El resultado es que la fotografía ha perdido el carácter de un campo y no ha terminado de adquirir la fuerza del otro.

     Una de las cualidades más importantes de la imagen fotográfica es ser un hecho reproducible, no un hecho único. En la fotografía contemporánea cada vez esto tiene menor peso; lo que manda es la fotografía como obra en sí, "original" y única.

     La tendencia de los mal llamados curadores es a buscar artistas, no fotógrafos; entonces ahora todo el mundo quiere ser artista, por consecuencia, si no hay una reflexión clara consigo mismo y no se actúa en función de la propia investigación se puede llegar a un callejón sin salida, donde se tiene la obligación de ser artista y la obra se hace en función de complacer a un jurado, un curador, o un mercado.

     El problema es que no hay investigación, no hay trabajo de taller, no hay un proceso permanente de autocrítica del propio trabajo. Lamentablemente, en la fotografía y en el arte en general la mentalidad que está predominando es la del miss Venezuela y la de la lotería.

     Me preocupa cuando veo jóvenes actuando como burócratas de ministerio. Cuando hacen una obra, cuando participan en un Salón, están calculando a quién le escriben, a quién llaman, con quién se conectan; van "haciendo la corte". Me preocupan toda esa cantidad de jóvenes que están haciendo la corte, en los salones, en el Pirelli.

     Hay que seguir un proceso permanente de investigación, aunque no haya activismo de toma. El problema no es producir en cantidad, sino que haya una permanencia, constancia en el trabajo; que sin salones, sin premiaciones, sin ningún estímulo gubernamental externo haya un trabajo permanente. Ahondar en el oficio, la disciplina, la metodología de trabajo, constancia e investigación ; no quedarse tanto en la parte formal, sino ir más al fondo, al lenguaje. La fotografía se esta llevando más hacia el efecto del impacto del objeto, sin importar el contenido.

     Es importante plantear alternativas para enfrentar el proceso de decadencia general que afecta a los sitios expositivos. Las Bienales y los Salones se han ido planteando como la única posibilidad de exponer, cuando lo que son es un camino sin salida donde la predominancia de los criterios de los curadores determina la alineación de los artistas, aceptada con tal de exponer, esperando la aceptación de los curadores o de la premiación y haciendo que permanezcan ciertos centros de arte como templos hegemónicos. Es importante exponer en los lugares que no son parte de ese eje central.

     No puede ser que la salida a los problemas del arte la proponga la empresa privada, planteando foros sobre dónde y cómo conseguir quién financie la obra; el arte no se puede reducir a un problema de financiamiento y de "gestión cultural".

     Los artistas se han transformado en una cuerda de burócratas recogiendo las migajas de la empresa privada y del gobierno. No puede ser que el problema central del arte se reduzca a cómo conseguir el "billete" para hacer obras. Esto tiene que producir un arte decadente, porque no se discute si hay problemas de orden conceptual, si el arte responde a las necesidades del país.

     Quien calla otorga. El arte en Venezuela permanece en silencio frente a la problemática nacional. No hay una voz que se levante a criticar el estado de las cosas y la crisis del país. El problema se ha reducido a ver cómo cada quien se resuelve personalmente; no hay una conciencia colectiva.

     Los artistas son una nueva farándula, los nuevos miss Venezuela, se esconden en el silencio de la complicidad decadente y eso es lo que le están enseñando a los jóvenes en los institutos de formación de arte; les están enseñando que esa es la única posibilidad de sobrevivir.

     Hay que vencer el miedo a comprometerse y arriesgar. Si uno sirve para que los que vengan atrás digan, si, se puede resistir, ya eso es importante. Uno si puede sobrevivir sin hacer componenda, sin caer en las trampas. Hay que jugársela.

     Conocer los límites es comenzar a saber que uno no tiene límites. Hay que ser realista y tratar de alcanzar lo imposible. A través de las propias limitaciones es que uno logra descubrir que es ilimitado; conociendo y rompiendo sus límites.

     Nelson Garrido.

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